lunes, 4 de noviembre de 2013

El Ángel de la Muerte (2).

―¡No! ¡No! ¡Corre, corre! ¡Ahí, dale! ¡No, así no…!
Tot levantó ligeramente la mirada al ver a la enfermera pasar gritando “¡El paciente de la 320! ¡Corred! ¡El desfibrilador! ¡Traed el desfibrilador!”
Luego suspiró tratando de no perder la concentración en el juego.
―¡No, hombre, no! ¿Qué haces? Si ya la tenías…
Siempre se hacía un lío entre el botón A y el botón B. En los momentos clave nunca se acordaba que el A era para los pases cortos y el B para chutar a puerta. Al final siempre se equivocaba.
―¡¡Mierda!!
Tot extendió los dedos y la consola se esfumó en el aire. Era el equivalente a tirarla por la ventana. Cuando miró a su derecha el corazón le dio un vuelco… o lo que sea que tuviera en lugar de corazón. Una anciana de aspecto dulce y gris le estaba mirando. Se llevó la mano al pecho, un poco en broma.
―Por favor, que no estoy para estos sustos…
La anciana sonrió.
―¿Así que viene a llevárselo?
―¿Cómo? ―Tot trató de hacerse el despistado. Esa información era confidencial… o debía serlo. Pero solo para los vivos.
―Jovencito, no se haga el listillo conmigo. Soy más vieja que usted y merezco un respeto. Además… le he reconocido por el dibujito del bolsillo…
―¿El dibujito? ¡Oh…!
Tot se miró el dibujo estampado en el bolsillo izquierdo de la camiseta que llevaba como uniforme. Era el único distintivo que le identificaba como Ángel de la Muerte. Hubo un tiempo que no llevaban uniforme, pero eso inducía a confusión en muchas ocasiones. Cuando él llegó el Comité llevaba unas semanas discutiendo qué hacían respecto a ese asunto. Todos estaban de acuerdo que lo de la capa negra con capucha y la guadaña daba demasiado miedo y ya estaba pasado de moda, necesitaban una nueva imagen más acorde con los tiempos en los que vivían… Pero el Ángel Negro con Alas tampoco había sido una elección muy acertada, les delataba enseguida y la idea era pasar desapercibidos, no que les reconocieran a la primera… Eso sí, la pegatina sobre el coche de la empresa era molona a más no poder. Le hacía sentir orgulloso de su trabajo. 
Miró de arriba abajo a la anciana como pensando “Así que es más perspicaz de lo que parece…” y cuando leyó su verdadera edad en la profundidad de sus ojos comentó:
―Yo soy más viejo, así que mucho cuidado con lo que dice… Que si aún sigue por aquí con ese aspecto de viejecita desvalida es que su madurez es la misma que la que tiene un niño de seis años… o de tres.
―¡Psé! Como comprenderá no me voy a molestar a estas alturas con las impertinencias de un jovencito… ¿Viene a por él o no?
Tot suspiró. La señora era dura de roer.
―Sí, vengo a por él ―miró el reloj de su muñeca―. Pero todavía quedan unos 13 minutos ―los médicos seguían intentando la resucitación cardiopulmonar.
―¿No viene a por nadie más?
Negó con la cabeza. No, hoy le había tocado un trabajillo fácil. Pero eso no se lo iba a decir a la señora. Ni siquiera era su sector. Problemas de personal otra vez.
―Por cierto, ¿qué está haciendo aquí? ―según formulaba la pregunta él mismo comprendió sin que hiciera falta escuchar la respuesta. No hizo falta ni que la señora hablara. Percibió la oleada de tristeza que teñía sus mejillas de gris y sus ojos llorosos. Ella intentó ocultar sus sentimientos, e incluso giró la cabeza para el lado contrario como avergonzada, y Tot no quiso decir nada por un momento. Sabía que no debía juzgar, pero aún le costaba entenderlo. Cuando a él le tocaba alguno de estos casos le costaba mucho autocontrolarse para no enojarse y llevárselos a rastras…

―¿Cuánto tiempo más tendré que esperar? ―la voz de la mujer le llegó casi como un susurro―. ¡Ya han pasado años! ¿Es que no me echa de menos tanto como yo le echo de menos a él? ¿Es que sus riñones no le fallan como me fallaron a mí? ¿Por qué Dios me llamó tan pronto a su lado y le dejó a él solo?


Tot deseó dar una calada a un cigarrillo. Éste no era su trabajo. Su trabajo era explicarles lo que estaba pasando y acompañarlos en el tránsito… nada más. Él no tenía paciencia para aconsejarles sobre lo que debían hacer, ni los conocía lo suficiente como para tratar de convencerlos… eso era trabajo de los guías, que por algo habían estudiado para ello durante cientos de años. Además se obcecaban tanto que era inútil decirles que tenían que asumir que su antigua vida había acabado y que un mundo maravilloso les esperaba un poco más allá… vale, era una pequeña mentirijilla, una táctica que venía en el manual y que aún no había sido corregida ni eliminada, no hacía mal a nadie, más bien todo lo contrario... Siempre era mejor continuar que quedarse en el mundo intermedio donde nada era lo que parecía… era como quedarse encerrado en un montacargas, parado entre dos pisos. Ni subes ni bajas, no disfrutas de los placeres de la carne pero tampoco puedes participar en las orgías espirituales que celebran más arriba… De pronto sintió el deseo de volver. Las estancias prolongadas en los planos cercanos a la Tierra le hacían sentir sucio y pensaba que era hora de un baño de luz relajante.
Pero para eso primero debía acabar con su tarea del día…
―Mire, señora… ¿cuál es su nombre?
―Adela.
―Mire, señora Adela ―trató de transmitir algo de cariño o al menos comprensión en su voz, pero probablemente no lo logró―. Su marido volverá cuando le apetezca. No cuando usted quiera. ¿Es que ya no se acuerda de cuando estaba viva? ¿Acaso deseaba estar muerta? No, porque pensaba que la vida en la Tierra era lo único que existía, y a pesar de estar ya algo vieja y cansada, se resistía a dejarlo todo atrás. Haría bien en dar el siguiente paso y olvidarse de una vez de todo esto. ¿Qué hace aquí en el hospital todos los días… aparte de asustar a las enfermeras y jugar con el niño de la planta 2?
―¡Esperarle! ¿Qué otra cosa voy a hacer?
―Usted podrá venir cuando quiera, no tiene por qué estar aquí hasta que sea la hora de su marido… Se ha dado cuenta de que la muerte no es el final, pero aún no sabe que esto no es todo, que a usted también la esperan y si no vuelve pronto tendrán que cambiar los planes…
―¿Qué planes? Yo le prometí que le esperaría y eso haré, no quiero que muera solo.
―¡Nadie muere solo! ¿O por qué cree que me pagan?
―¿Le pagan? ¿Y usted me dice que viene del mundo espiritual?
―No me pagan en dinero, me pagan de otra forma… pero de algo tengo que vivir, ¿no? ¿O se piensa que todo nos cae del cielo?
―¡No! ¡Porque Dios me abandonó! ¡O no me habría dejado aquí esperando indefinidamente en lugar de haber permitido que partiéramos juntos!
Tot la observó lloriquear y sonarse la nariz al tiempo que su aura se volvía aún más grisácea. A esto exactamente se refería. No soportaba este tipo de situaciones. Ojalá existiera el sueño eterno de la muerte para estas personas que se negaban a aceptar la realidad… Volvió a mirar el reloj con cierto nerviosismo. ¿Qué estaban haciendo ahí dentro?
―¿No puede interceder por mí y pedirle a Dios que…?
―¡No! ¿Qué tipo de Ángel se cree que soy? ―se puso bruscamente en pie y se sacudió las cenizas que parecían haberle caído sobre los hombros―. Las cosas no funcionan así, ¿no se lo explicaron en su momento? Cada uno tiene su tiempo y cada uno lo usará como quiera… ¡Salga de aquí! ¡No está en el lugar que le corresponde!
La señora Adela bajó la cabeza y no respondió. Tot temió haber herido sus sentimientos… pero no podía decirle otra cosa.
―Lo siento, pero no puedo… No puedo… ―y se alejó arrastrando sus pies en zapatillas grises, con un rosario entre sus dedos y musitando unas palabras ininteligibles. Tot la observó alejarse. Le daba pena, pero había almas que no tenían arreglo.
De pronto descubrió al difunto. Estaba de pie algo desconcertado, bajo el umbral de la puerta de su habitación. Una enfermera que sacudía la cabeza con tristeza lo traspasó mientras él miraba atentamente la pared y trataba de tocarla sin conseguirlo. Cuando le descubrió mirándole dio un paso atrás y abrió sus ojos desmesuradamente.
―¿Tú sí puedes verme?

―Hola, Ramón ―dijo Tot, con voz monótona y sin ningún entusiasmo―. Bienvenido al más allá… aunque de momento solo has dado el primer paso. Nos queda aún un largo camino…  

(continuará...)

miércoles, 23 de octubre de 2013

Profundo aburrimiento terrestre.

Recientemente he visto al conocido escritor Javier Sierra contando en un conocido programa de televisión cómo el no tan conocido astronauta Michael Collins, al regresar a la Tierra después de pasar un tiempo orbitándola, declaró que estaba afectado por un "profundo aburrimiento terrestre". Las palabras exactas, según he podido investigar, son "earthly ennui".

Como gran aficionada a la ciencia-ficción, y como persona que desde antes de cumplir los trece años ya se estaba imaginando cómo podía ser la vida en el espacio, siempre me fascina escuchar a los astronautas. Pienso que son los grandes exploradores de nuestro tiempo, y los exploradores en general me producen una gran admiración, por sus deseos de traspasar los límites de lo desconocido, por su deseo de querer siempre saber más, y por ser capaces en muchas ocasiones de dar su vida por el avance de la Humanidad. Además siento que es muy probable que en un futuro no muy lejano yo misma vuelva a pisar la Tierra en un tiempo donde los viajes espaciales serán algo común. Estoy segura de que habrá colonias en la Luna y en Marte, más que nada porque dentro de poco van a ser los únicos lugares que nos queden para vivir. Y entonces espero de verdad que los seres humanos recuerden con cariño a todos estos pioneros, tanto los reconocidos oficialmente como los que aún permanecen en un vergonzoso silencio, olvidados por sus propios compatriotas. Porque gracias a ellos nuestros nietos y bisnietos podrán seguir perpetuando nuestra especie más allá de los confines de nuestro planeta (aunque, si lo pensamos bien, tal vez no sea tan buena idea que nuestra especie se siga perpetuando...).


Pero la razón por la que escribo esto es porque esa frase de Michael Collins me impactó a mí también. Me di cuenta de que yo también sufro un "profundo aburrimiento terrestre"... crónico e incurable. Y lo peor de todo es que me pasa desde siempre, no es de ahora ni mucho menos. Por lo visto, esto de sentirse "raro", "distinto", como no perteneciente a este planeta, es un sentimiento bastante común en los círculos en los que me he movido en los últimos años. Así que me pregunto si esto tendrá algo que ver con esa "consciencia cósmica" que parece que se les despierta a muchos astronautas cuando ven por primera vez la Tierra desde el espacio. El problema es que quizá lo mío se deba a que me paso la mitad del tiempo en las nubes. No necesito estar a bordo de una nave, rodeada de un silencio casi sobrenatural, en medio del vacío del espacio, para abstraerme. Mi capacidad de abstracción es tal que puedo estar cenando con mi pareja mientras vemos las noticias y no enterarme de nada en esa media hora excepto de los pensamientos que transcurren por mi cabeza. Necesito abstraerme para no volverme loca por lo que tengo que ver u oír a mi alrededor. Es casi una necesidad fisiológica.

Cuando era pequeñita recuerdo que tenía varias opciones para lo que quería ser de mayor: maestra, veterinaria o astronauta. Está claro que elegí mal. Ser veterinaria no ha resultado ser buena opción, porque tengo la impresión de vivir trescientos años por delante de mis colegas. Pero tal vez eso no es cuestión del planeta en el que vivo, sino de país solamente. Ser astronauta tampoco habría sido buena opción. Me habría tenido que ir a vivir a otro país y encima como mucho habría llegado a la Luna... ya me paso media vida en la Luna (¿o era en la inopia?), así que total... demasiado esfuerzo para llegar al mismo sitio. En todo caso, es mejor esperar a que los viajes espaciales sean más seguros. Al final la única opción buena es la de maestra. No quería ser maestra (entre otras cosas porque no me gustan los niños), pero parece que la vida me está conduciendo por ese camino... después de todo la mayoría de las personas con las que hablo parecen niños y no adultos. En todo caso, el profundo aburrimiento terrestre no deja de seguirme allá adonde voy... la parte buena es que me ha inspirado, y me sigue inspirando, a escribir mis historias de ciencia-ficción.

No en vano uno de mis personajes femeninos siempre comenta: "Dicen que el espacio es solitario. Dicen que el espacio es frío. Yo nunca he tenido esa impresión, nunca me he sentido sola cuando estoy conmigo misma. Lo cierto es que es mucho peor sentir esa soledad y frialdad cuando estás rodeada de gente".    

Os dejo una estupenda canción de la Electric Light Orchestra que me recuerda a lo que vengo hablando en esta entrada.



ABOVE THE CLOUDS

I came along to see your face
but the only thing I got from you
was telling me it’s fantasy
that you would always be with me
I can tell you that it’s true
I’m waiting here
but it’s alright it’s alright to me
you better believe me now

I guess it’s like a mountain side
you gotta climb it to the top
floating in a sea of dreams
the only thing you can see
is the view above the clouds
I’m waiting here
but it’s alright still it’s alright to me
you better believe me now

lunes, 7 de octubre de 2013

El Ángel de la Muerte.

Las ramas crujían por el peso de los tres bandidos que habían ahorcado en Hauntedville justo después de la salida del sol. ¿Por qué siempre colgaban a la gente al amanecer? Odiaba madrugar... y además era cruel. Siempre había pensado que era mejor hacerlo por la noche después de que el pobre condenado hubiese disfrutado de su último día, que dejarle esperando en la oscuridad solo para ser testigo de cómo el sol volvía a iluminar una magnífica mañana que para ellos iba a ser la más aciaga de sus vidas. El frío, el miedo y la oscuridad de las horas previas les hacían llegar más desorientados. A veces incluso no llegaban... y tenía que presentarse antes en el lugar. No ocurría con frecuencia, pero jamás había conseguido acostumbrase a las sorpresas.

¿Sería una cuestión práctica? Sin duda, ajusticiar a alguien en secreto, en el silencio de la noche, no tenía el mismo efecto que hacerlo frente a una multitud enloquecida sedienta de sangre, gritando "Asesino" y después preguntando al que estaba al lado "¿Y éste que ha hecho?" "Qué más da, seguro que lo ha merecido". La normativa vigente exigía que se personaran en el lugar dos horas antes de la hora señalada, no fuera que surgiera un imprevisto... y por eso a veces era testigo de este tipo de frívolas conversaciones que le repugnaban y le divertían al mismo tiempo... sobre todo cuando al día siguiente revisaba los archivos y confirmaba que el individuo en cuestión tenía un 95 % de probabilidades de acabar apuñalado en una reyerta callejera. Por algo sería...

Al observar los cadáveres balanceándose en el vacío a unos dos metros por encima de él, no se divertía. Su trabajo era interesante, entretenido, incluso enriquecedor en ocasiones, pero rara vez era divertido. Y menos cuando era una muerte múltiple. Eso complicaba mucho las cosas. Por eso solo podían manejar dos al mismo tiempo... pero el maldito de su compañero se había puesto enfermo esa misma mañana y al final Tot había aceptado hacerlo solo. Hacía solo un año desde que había obtenido el título que certificaba que ya tenía la experiencia necesaria como para poder enfrentarse a este tipo de situaciones, aunque solo había tenido que hacerlo dos o tres veces antes... y nunca tres almas al mismo tiempo. La multitud ya se había retirado. El espectáculo había terminado... y ahora solo quedaba él contemplando las carcasas vacías de lo que habían sido seres humanos.



Suspiró. En cuanto los procesos fisiológicos propios de la vida cesaran por completo, empezaría la función. La muerte podía ser muy impactante. Pero aún más impactante era la no-muerte. Y no, no tenía nada que ver con vampiros. Esperar morir y descubrir que la vida sigue producía verdaderos traumas psicológicos y algunos incluso necesitaban un tratamiento especial en las cámaras de reprogramación. O... esperar que al morir vas al cielo y encontrarte que todo sigue igual descolocaba tanto a algunos que caían en una desesperación incomprensible que a veces incluso requería de electroshock. Él lo había visto... más de una vez.

Los bandidos eran distintos... hablando en general, claro. Los que no tenían miedo a la vida no solían tener miedo a la muerte. Muchos bandidos vivían con la muerte en los talones, tenían perfectamente asimilado que cualquier día sería el último... y muchos reían y reían al verse en el otro lado, libres por fin de la ceguera tan frecuente en el mundo real... libres de todos aquellos que les habían perseguido o habían deseado su muerte, o libres de sus propios remordimientos, de su necesidad de huida, de sus errores... Pronto descubrirían que no todo iba a ser así de fácil, y que el fin solo era un nuevo principio, lleno de las mismas dificultades, de los mismos desafíos... y con las mismas probabilidades de volver a acabar igual. Pero eso era más adelante. De momento su labor era acompañarles en esos momentos de confusión, tranquilizarlos y guiarlos hacia lo que sería una nueva etapa en sus vidas...

Uno de ellos despertó al fin. La forma mental del cigarrillo que Tot había encendido se desvaneció en el aire y esperó su reacción. Como había esperado, fue buena.
―Eh, amigo. ¿Te conozco?
―No. Soy nuevo en el pueblo.
―¿Dónde se ha ido todo el mundo?
―Todo ha acabado.
―¿Que ha acabado? ¿Cómo...? ¿No me han...?
Sin ni siquiera haberse dado cuenta se había situado frente a él y le miraba con sus ojos oscuros y hundidos. Al comprender cuál había sido su movimiento involuntario el ex-bandido fue a girar su cabeza, demasiado pronto para lo que indicaba el protocolo.
―¡Eh! ―le llamó Tot. Cuando sus ojos se encontraron de nuevo, negó con la cabeza―. No mires. No es necesario. Ya lo sabes... estás muerto.
Pero el bandido se dio la vuelta... Siempre era lo mismo. Hasta que no lo veían no se lo creían... al menos las primeras ciento cincuenta veces o así. Cuando volvió a mirarle su expresión ahora era totalmente distinta... de sorpresa y desconcierto. No se lo tomó mal... a otros les costaba mucho más entrar en razón.
―¿Y ahora qué?
Tot sonrió.
―Pues en condiciones normales te diría que nos fuéramos, pero tenemos que esperar a tus compinches. Anda que la liasteis buena...
―¿Cómo sabes tú eso?
―Soy nuevo pero no soy tonto... Se veía venir desde hacer por lo menos un año. ¿A quién se le ocurre confesarle el marrón al empleado de la banca?
―Hank dijo que era de confianza...
―¿De confianza? ¡Pero si estaba liado con la hija del sheriff! ¿Es que no lo sabíais?
El bandido... o ex-bandido, frunció el ceño y cerró la boca. No iba a decir nada que pudiera perjudicarle... aunque, pensándolo bien, ya nadie podía perjudicarle más.
―Ahora, en serio... ¿quién eres tú?
Tot volvió a sonreír. Otro de los bandidos estaba despertando y parecía que aquel trabajo iba a ser fácil. Era lo bueno de las muertes múltiples. Que si uno estaba tranquilo y no se volvía loco, se convertía en un aliado y transmitía tranquilidad a los demás.
(continuará...)

sábado, 21 de septiembre de 2013

Un sueño.

Cuando desperté la luz violeta del amanecer comenzaba a teñir la estancia y me dio la impresión de que aún continuaba perdida en el sueño. Me costó reconocer a Ian, que se sentó sobre los cobertores y me miró como si aún no estuviera seguro de si estaba dormida o despierta. Le veía borroso, aunque el brillo en sus ojos transmitía la misma calidez de siempre.
―Estaba soñando ―le dije.
―¿De veras? ¿Y qué soñabas?
―Vivía en un lugar distinto... oscuro. No te podía encontrar, aunque te podía sentir. Sabía que existías, pero no nos habíamos conocido... o no recordaba haberlo hecho.
―Entonces... ¿cómo sabías que existía?
―No lo sé... Era confuso. Igual que el mundo en el que estaba.
―¿Qué mundo era?
―No recuerdo su nombre, pero sé que desde el espacio se veía azul. Como un pequeño punto azul...
―¿La Tierra?
―¿La Tierra? ¿Por qué la Tierra? Yo nunca he vivido allí...
―Pero estuviste muy cerca varias veces, conmigo.
―Estuvimos en la Luna, no en la Tierra... no, nunca quise visitar la Tierra... además, no era yo. Era... distinta.
―Ahora sí que tu sueño se está haciendo raro. ¿Y qué hacías en ese mundo?



―No estoy segura. Intentar desentrañar la niebla. Tratar de ver a través de la bruma del espacio y el tiempo... y enseñar a los demás cómo hacerlo. Y esperar a que un día conseguiría atravesar esa niebla y encontrar algo que había perdido... o mejor dicho, a alguien... a ti.
―¿Cómo puedes perder a alguien si no lo conocías de antes? ¿Cómo puedes echar de menos algo que nunca has tenido?
―No lo sé... pero así era como me sentía en el sueño. Era una búsqueda constante... angustiosa. Me dejaba exhausta. Pero era algo que debía hacer. La separación era necesaria.
Había dicho mis últimas palabras sin pensar. Y no tenían ningún sentido.
Nuestro robot doméstico me acercó el desayuno. Las persianas se acabaron de levantar automáticamente y tuve que cerrar los ojos para que no me molestara la luz. Aún no había mucho tráfico aéreo, pero parecía avecinarse una tormenta eléctrica.
―¿Acabaste encontrándolo? ―dijo Ian mientras jugueteaba con el panel de las noticias. No supe a qué se refería.
―¿El qué?
―Eso que buscabas en tu sueño.
Me quedé pensativa.
―Creo que sí. Pero puede ser que nunca lo perdiese. Era todo una ilusión.
―¿Entonces yo también soy una ilusión? ―preguntó, sonriendo.
―Tú eres lo más real que he tenido nunca.
―Me alegro. Porque no me gustaría descubrir que no he existido nunca. Ni tampoco que esto es solo uno de mis sueños y tú también eres una ilusión.
  

martes, 17 de septiembre de 2013

Un alma perdida.

No sé que hacer con mi vida. Llevo años pensándolo y cada vez que tengo oportunidad lo grito a todos los vientos, por si de pronto me viene la inspiración y encuentro la solución a mis problemas. Pero eso no llega a ocurrir nunca.

Todo parecía que iba a salir perfecto, todo parecía perfectamente planificado: hice lo que querían que hiciese. Es decir, fui buena, estudié, elegí una carrera, empecé a trabajar, quise ser una persona "normal", tener un coche, una vivienda... no, hijos no, aunque estuvieron a punto de convencerme también. En algún momento me di cuenta de que aquello no funcionaba y que me habían engañado. Quería independizarme a los 25 años y me fui de casa con 33. Pensaba vivir de mi trabajo y resulta que tengo que estar en casa porque si no tengo que elegir entre ser explotada o vivir entre cartones. Para no aburrirme seguí formándome y menos mal que me dieron una beca, porque si no ahora tendría tres mil euros menos además de tener las mismas oportunidades de encontrar trabajo, o sea, ninguna, porque la investigación en mi país está ahora mismo más tiesa que un cadáver en rigor mortis. Y aún así he de considerarme afortunada porque no me han desahuciado y no paso hambre.

Ni siquiera saber que me he visto en situaciones peores en el pasado remoto sirve para algo. Bueno, sí, sirve para no suicidarme otra vez o no caer en la misma desesperación que me llevó al suicidio, o para saber que no merece la pena morir por luchar por tus derechos... el mundo no cambia aunque alguien se queme a lo bonzo o se tire de un balcón por no poder mantener a su familia. El mundo no parece querer cambiar aunque haya algunos que aún crean en que nuestra vibración está elevándose o que nuestra consciencia está cambiando. No hay reacción sin acción. No son suficientes las buenas intenciones ni los buenos deseos, ni rezar al mismo Dios que nunca ha intervenido en los asuntos humanos, aunque le cambiemos el nombre también a él y ahora le llamemos "la Fuente" o "la Inteligencia del Universo".

Los asuntos humanos son responsabilidad de los humanos. Y mientras unos humanos seamos esclavos de otros humanos, poca esperanza nos queda.



Solo espero que todo esto tenga un sentido. Que esté tan perdida que en realidad no me dé cuenta de que sí estoy haciendo algo, aunque no sea lo que otros habían planificado para mí. Tal vez, solo tal vez, nada de esto sea casual y esté justo donde quería estar. Solo que me han hecho creer durante toda mi vida que lo importante era tener casa, coche, trabajo y familia. Porque así no tenemos tiempo para pensar, ni para escribir, ni para introducir ideas nuevas en aquellos que están dormidos o aún son fieles a creencias antiguas y falsas que es tiempo de derribar. Aún así, a veces es como tirar piedrecitas contra una muralla de diez metros de alto por tres metros de ancho por varios cientos de kilómetros de longitud. Algo así como la muralla china. Creo que voy a tener trabajo para varias vidas si las cosas continúan así...

Bueno... tal vez no esté tan perdida como pensaba. Pero la aparente ausencia de un objetivo claro y que me aporte un beneficio económico me hace sentir un tanto... incómoda. Tal vez deba aplicarme el cuento y cambiar la percepción de mi realidad.

miércoles, 31 de julio de 2013

El agujero negro (2).

Estaba solo.

O, al menos, eso había creído al principio. No pasó mucho tiempo antes de que comenzara a sentirme vigilado. Me di la vuelta, pero allí no había nadie. Busqué algún aparato electrónico que indicara la presencia de alguna cámara, pero hacía años que los hacían tan pequeños que ya eran imposibles de detectar a simple vista. Sabía que me vigilaban de todas formas. Las Unidades de Internamiento estaban diseñadas para ello, para que nadie hiciera lo que no debía. Y como ya no había humanos vigilantes, las normas se cumplían siempre. Estrictamente.

La sensación era tan intensa que grité “¿Hola?”. El silencio era total. Bueno, casi. Si prestabas mucha atención podías percibir un lejano zumbido, posiblemente debido a la electricidad que hacía posible el perfecto funcionamiento de la estructura tridimensional que asemejaba un panel de abejas y la iluminación blanquecina que parecía venir de todos los lugares al mismo tiempo: del techo, de las paredes, del aire que respiraba… aire totalmente neutro, sin ningún olor.

Cuando llevaba exactamente seis horas y cincuenta minutos en aquel pequeño cubículo, escuché un ruido de engranajes, como de paneles deslizándose, y en la columna central se abrió una abertura rectangular de unos veinte centímetros de ancho. Unas letras rojizas aparecieron en la parte superior de la columna, justo encima de la abertura. El mensaje estaba escrito en el idioma común, y su significado era: 

“Su comida”
“Gracias”

Al aproximarme y asomarme a la abertura, vi que había un recipiente blanco de plástico parecido a una barquilla con dos comprimidos gelatinosos en su interior, uno de color rosado y otro de color verde oscuro. Alargué mi mano para cogerlos, pero el panel se cerró súbitamente y tuve que retirarla antes de que aprisionara mis dedos. Lancé una exclamación y vi aparecer un nuevo mensaje en la columna. Según las leía las palabras se desvanecían y aparecían las siguientes.

“Por ser su primer día de internamiento le permitiremos tomar su ración, pero esta advertencia no volverá a aparecer. 
La puntualidad es imprescindible en esta unidad. 
Tiene exactamente dos minutos para coger e ingerir su alimento. 
Si no lo hace así, no habrá más ración hasta el próximo turno. 
Si se niega a alimentarse, se le administrará a la fuerza, ya que el suicidio no está permitido en esta unidad. Buen día”.

Con el ceño fruncido, vi cómo se volvió a abrir el panel y me apresuré a coger los comprimidos e introducirlos en mi boca. Se disolvieron al instante. Y casi al instante me sentí con más fuerza y mejor ánimo. Pregunté en voz alta si podían darme más instrucciones, si podían adelantarme cuáles iban a ser mis actividades allí (pues era seguro que tenían que asignarme alguna tarea). Pero el único cambio que se produjo en las siguientes horas fue la disminución gradual de la luz, que pasó de un blanco inmaculado a un gris niebla, el cual se fue haciendo cada vez más y más oscuro hasta que me encontré rodeado de una oscuridad impenetrable.



Si no hubiese llevado ya tiempo acostado en la cama-tubería, me habría tendido que arrastrar por el suelo para encontrarla.

Agradecí estar lo suficientemente cansado como para no darme cuenta de que era lo mismo tener los ojos abiertos que cerrados.

martes, 21 de mayo de 2013

"Non-vegans are nazis".

Afirmación desafortunada donde las haya…

Iba a ser el nombre de una página en una conocida red social, y el creador o creadora de la misma pretendía que los seguidores de su otra página sobre veganismo indicáramos que nos gustara. Evidentemente, no lo hice. Le propuse que cambiara el nombre, básicamente porque no me parecía bien que mezclara a los nazis con el veganismo. Pero la contestación que recibí me dejó aún más estupefacta: “Nonsense! Nazis kill and torture!” Perfecto. Más o menos le respondí que decir eso era convertirse también en un nazi, debido a la intolerancia que ellos mostraban hacia todos aquellos que no fueran como ellos (por resumirlo en pocas palabras y de manera extremadamente simple), y que si de verdad queremos hacer que todo el mundo se vuelva vegano, ése desde luego no es el camino. Debemos utilizar las armas adecuadas para luchar por algo, que en mi opinión, es deseable, pero no podemos condenar a la gente que, por la razón que sea, elige otra alternativa. Si la base del veganismo es el respeto absoluto a todas las formas de vida, creo que eso debería incluir también a los seres humanos, aunque sean sin duda los más destructores del planeta.

Por fortuna, parece ser que me hizo caso, porque el mensaje desapareció y no he visto ninguna página con ese nombre.

Lo curioso es que me puse a indagar más en la red y vi que también los no-veganos dirigen la misma acusación de “ser unos nazis” a los propios veganos. Incluso en algunos lugares llegan a comparan el signo vegano con la esvástica, que, dicho sea de paso, no he encontrado la similitud por ninguna parte. ¿En qué quedamos? Y otra curiosidad es que por lo visto tanto Hitler como Himmler eran vegetarianos (aunque por supuesto dudo que esto esté demostrado), existía un “ala verde” en el Tercer Reich, y en esos años se aprobaron leyes dirigidas a la protección animal y del medio ambiente. Y parece ser que este argumento es utilizado por los neonazis (a los cuales no guardo ninguna simpatía) para defender su ideología... por sorprendente que parezca.

Llegados a este punto, mi confusión ya no puede ir a más. Y el debate me resulta un sinsentido más producto de la ignorancia, la demagogia, la irresponsabilidad y no sé cuántas cosas más. Y lo único que me queda claro es que ningún extremismo es bueno, nadie puede obligar a nadie a llevar una vida determinada, por mucho que nos duela a los que queremos cambiar el mundo. Y, personalmente, me gustaría que dejaran a los nazis en paz… Puede que sean un buen ejemplo de intolerancia, pero desde luego no es el único que existe en el mundo (por desgracia), y ya somos mayorcitos para saber que la maldad y los actos violentos son universales a todos los seres humanos, y somos nosotros los que elegimos qué clase de persona queremos ser. Y comparar el nazismo con el veganismo o el no-veganismo me parece una actitud un tanto inmadura e irresponsable. Creo que son conceptos totalmente distintos y que jamás se deberían mezclar ni trivializar.


Porque para mí, la cuestión va mucho más lejos. Y se ha convertido en algo muy personal. Por circunstancias de la vida (y la muerte), llevo largo tiempo reflexionando sobre un tema muy delicado del que apenas nadie se atreve a hablar, y mucho menos cuando hay judíos delante. También por circunstancias de la vida (y la muerte), tengo un fuerte sentido de la justicia y me molesta muchísimo que no se cuenten todas las verdades. Y además cada vez me cuesta más callarme ante la ignorancia de la mayoría de la población y el dejarse llevar con la corriente sin pararse ni un segundo en pensar si lo que nos cuentan es cierto o no, sin molestarse en preguntar a los verdaderos protagonistas y no a los historiadores que por lo general siempre pertenecen al bando vencedor, sin entretenerse en escuchar ambas versiones y en tratar de comprender qué es lo que de verdad llevó al Holocausto. 

Es mucho más fácil ampararse en “Todos los nazis son malvados”, y seguir poniendo fotos de Hitler y campos de concentración en todos los lugares, incluyendo crímenes que probablemente no son ciertos, mientras que las atrocidades cometidas por los aliados durante la Segunda Guerra Mundial (por poner un ejemplo) permanecen ignoradas, al tiempo que los distintos gobiernos nos mantienen engañados llamando terroristas a los que solo se defienden del horror extendido en nombre del “bien”. No justifico ni a uno ni a otro, por supuesto. “Las guerras son las guerras, y las víctimas son siempre mujeres, niños y ancianos”, dicen. “Siempre habrá guerras mientras negociar con armas sea rentable”. Podría llenar páginas enumerando las razones por las que no estoy de acuerdo con esto. Pero trataré de ser breve: no, las guerras no existen porque haya unos cuantos malvados (sean quienes sean) que se dedican a organizarlas. Ni tampoco porque sean inevitables para alcanzar la paz. Existen porque siempre es más fácil culpar a otros de las desgracias en lugar de responsabilizarnos nosotros mismos. Nos corresponde a nosotros negarnos a apretar el gatillo si creemos que lo que vamos a hacer no está bien, aunque eso signifique perder nuestra vida. Nos corresponde a nosotros negarnos a seguir a un líder que se ha convertido en un dictador, aunque tengamos que renunciar a una posición de poder. Si queremos, podemos evitar ser parte de la gran cadena de producción de armas, simplemente no comprando ninguna, o sin creer al gobernante de turno que nos dice que son necesarias para nuestra defensa. La decisión final de hacer el mal es nuestra y solo nuestra. Son nuestros actos los que nos convierten en cómplices, y muchas veces sin saberlo, porque es más cómodo ver la televisión sin razonar que ponernos a investigar por nosotros mismos y sacar nuestras propias conclusiones. La cuestión, igual que en el caso del vegetarianismo o veganismo, es informarse adecuadamente para poder decidir por nosotros mismos, en lugar de ser arrastrados por una masa a la que guían con oscuros propósitos…     

Pero sobre todo: no solo niños, mujeres y ancianos son víctimas. En una guerra todos, sin excepción, somos víctimas. Tanto el que mata, como el que es matado. En una guerra no hay buenos ni malos. Cada uno lucha por sus propias razones y en muchos casos probablemente estarían justificadas. ¿Quién estuvo realmente allí para comprender las circunstancias que envolvieron esa guerra? ¿Quiénes recuerdan de verdad? Esto no parece importar mucho, porque los que aún viven, no quieren hablar; los que murieron, muchos permanecen olvidados; y los que murieron y han vuelto, ni siquiera se sospecha que existen… Y sin embargo, son los que más saben. Probablemente ya los únicos que distinguen cuándo los libros mienten y cuándo dicen la verdad. Son los que cargan con la culpa, la injusticia y el silencio de saberse engañados y manipulados por un poder que prefiere que el mundo siga creyendo que él es el bueno y todos los demás son los malos, para así no tener que rendir cuenta de sus propios crímenes. Es el plan perfecto.

Abramos los ojos de una vez. En todas las áreas de la vida. Acabemos con el sufrimiento. Pero con el sufrimiento de todos: desde el más indefenso animal al que se le arranca de su madre para que nosotros podamos comer carne o beber leche, hasta el del niño que muere de hambre en una región asolada por la pobreza, o de cualquier ser humano, no importa sexo, raza o religión, que haya decidido erróneamente empuñar un arma para defender al mismo país que lo condenará al olvido o a la ruina, si es que sobrevive… 

Tenemos que negarnos a participar en cualquier acción que suponga la más mínima violencia o injusticia. No les sigamos el juego a los que creen saber lo que es mejor para nosotros. Todas nuestras decisiones cuentan, incluso las que parecen más insignificantes. Si dejando de comprar huevos podemos evitar el sufrimiento de unas cuantas gallinas hacinadas, hagámoslo.  Si comprando ropa en un comercio que no se dedica a explotar a trabajadores indios, logramos que algunos pocos vivan mejor, hagámoslo. Basta ya de excusas y justificaciones.

Dejemos atrás las matanzas injustificadas, las barbaries, la tortura, la crueldad, y todas las formas de violencia, incluida la más salvaje de las intolerancias.

jueves, 9 de mayo de 2013

Más allá del horror.

Querido amigo I.:

Dudo mucho que estas líneas lleguen algún día a tus manos. Probablemente nadie sabrá que en sus últimos días una más de tantas víctimas invirtió lo que le quedaba de sus fuerzas en intentar que la galaxia entera se diera cuenta del terrible error que la Humanidad volvió a cometer. Ya es demasiado tarde. Ya nada queda.

No quiero pensar dónde estarás ahora ni cómo te encontrarás... si aún te queda memoria para acordarte de cómo era mi rostro o el sonido de mi voz, o si tu mente decidió descolgarse del mundo para no ver cómo se destruye poco a poco. Sabes... cuando los dos trabajábamos de policías, como compañeros, y temíamos siempre que nos separaran y termináramos cada uno en una estación espacial distinta... entonces pensaba que si se daba la remota posibilidad de que estallara una guerra, estaría preparada para ella. Tú y yo habíamos visto muchas cosas y habíamos pasado por múltiples situaciones en las que la muerte siempre estaba presente. Pero una vez tras otra habíamos conseguido sobrevivir, y eso nos hacía ser optimistas respecto al futuro. Ahora me río amargamente de aquellos pensamientos. La idea de una guerra, en pleno siglo XXIII, cuando tantos logros habíamos conseguido en años anteriores, era muchas veces ridícula. ¿Quién iba a imaginar lo que sucedería después?

El universo entero se nos vino encima. Parecía que acabáramos de nacer: todo lo que nos habían enseñado, lo que habíamos aprendido con el paso de nuestros días; nuestros ideales, nuestros sentimientos respecto a los hombres y lo que éstos habían llevado a cabo... ahora eran inútiles mentiras. Me vi envuelta en un horrible e inexplicable odio que llevaba a las personas a perseguir y matar a otras sin ninguna razón clara. Aún no he conseguido averiguar contra quién luchábamos, ni tampoco en qué bando estábamos... si es que de verdad reparábamos en eso.


Y entonces nos separaron, y perdí lo único que me quedaba. Pensé que tarde o temprano nos volveríamos a encontrar, como siempre había ocurrido antes. No me di cuenta de que esto era distinto. Lo que se iba, lo que era destruido, lo que desaparecía, ya no volvía nunca más. Pero aún tenía esperanza para desear que volviera.

Lo que más me ha dolido durante todos estos años es que nos hicieran prisioneros con toda la gente que conocía desde que era casi una niña, personas con las que había compartido ratos aburridos, agradables, desagradables o divertidos, días malos y días buenos. Gente a la que veía todos los días. Allí estaban... y allí vi cómo sucumbían al dolor y a la desesperación. Éramos policías. No habíamos sido preparados para la guerra. Nadie está preparado nunca para la guerra. Y muchos de ellos eran chicos y chicas que apenas habían empezado a vivir. Solo entonces conocí el miedo... el verdadero miedo.

Intenté escapar. Solo me ayudó un hombre al que no conocía. Solo a él le quedaban fuerzas para hacerlo. Lo mataron. Ése fue mi primer gran error. Pero gracias a él supe quiénes estaban a mi lado y quiénes no. Me ayudaron mucho G.F. y L.P., y O.P... y algunos otros, aunque ya no sirvió de nada. Total: ¿para qué escapar? No había ningún sitio adonde ir. Ya no podíamos ir a un lugar tranquilo y mirar el cielo y suspirar aliviados porque las estrellas seguían allí.

Poco a poco han ido cayendo muchos. Hace mucho que perdí la esperanza. Ni siquiera tengo fuerzas para llorar cuando alguien muere. Te echo tanto de menos... Tú quizás habrías logrado que no me rindiera tan pronto. Pero desde aquel día no he sabido nada de ti, y dejaste un gran vacío en mi corazón, un vacío que ha crecido a lo largo de los años. Daría lo que fuera por volver a estar contigo en la estación, y ser de nuevo policías. Nosotros habíamos elegido aquel tipo de vida; habíamos asumido el riesgo de lo que nos podía pasar. Pero esto nos fue impuesto sin pedirnos opinión. Nadie pensó en los que querían seguir viviendo en paz. No se parece ni a las peores pesadillas. No puedes despertar y huir de ello. Pero ya, ¿a quién le importa?

Han destruido lo bueno que tenía mi vida. Me estoy quedando sola, sin nada en que pensar, sin nada por lo que merezca la pena abrir los ojos cada mañana. Mi mano tiembla al escribir y no me reconocerías si me vieras en este lamentable estado. Pero el fin se acerca. Esto será lo último que haga con un importante objetivo. Así que me despido, I. Espero encontrarte en la otra dimensión.

[Escrito en Septiembre de 1994, cuando tenía 19 años de edad. Hoy se lo dedico a Katrina... y a Johann].

domingo, 28 de abril de 2013

Recuerda este día.

Oigo el retumbar de los tambores en la distancia. Ya están aquí. Nuestras hachas, nuestras azadas, los picos y las palas… no son nada frente a sus cañones y sus bayonetas. Los nuestros nos esperan y ya no nos queda tiempo. El rojo y el azul se dejan entrever entre el verde de los árboles, cruces blancas una al lado de la otra descienden desde la montaña, mientras nosotros nos apresuramos a asegurar puertas y ventanas, y empaquetamos nuestras escasas pertenencias envueltos en un silencio espeso, tétrico, sin saber si veremos la luz del nuevo día.

Antes de que nos marchemos, quiero decirte algo, hijo: la sangre va a correr. He sido incapaz de detener la avalancha, pero dudo que hubiese forma humana de hacerlo. La rabia y la furia contenidas ya son imparables, ya han caído cabezas, incluso aquéllas de los que creíamos se pondrían de nuestra parte. La avaricia y la injusticia no deberían tener cabida en este mundo, pero una y otra vez nos hemos de enfrentar a ella, una y otra vez tienen que pagar justos por pecadores… la muerte se lleva a los inocentes mientras que los culpables continúan libres y cada vez más enriquecidos.



No más. Puede que mañana no esté aquí. Me gustaría mantenerte a salvo, llevarte lejos, darte todo lo que necesitas. Espero que al menos tu madre sobreviva y pueda criarte y hacer un hombre de ti… no para que lamentes tu suerte o busques venganza, sino para que recuerdes este día y te sientas orgulloso de la resistencia que tus compatriotas opondrán a la tiranía y al abuso de poder de nuestros gobernantes. Esto no es lo que quería para ti, pero es lo único que puedo ofrecerte, lo único que puedo hacer para que tengas un futuro, si no brillante, al menos con un mínimo de dignidad. Y si no puedes tener eso, prefiero verte morir a mi lado o que huyas en el próximo barco, y que no vuelvas a poner el pie en un país que debería protegernos en lugar de aniquilarnos.

Y si consigues ver un nuevo amanecer, nunca olvides este día. El día en que luchamos por nuestros derechos, por nuestra tierra, por nuestra vida.

No odies. No llores. No sufras. No permitas que se lleven nada más. Jamás permitas que te pisoteen. Tú no les perteneces.

Por mí, solo quiero que hagas una cosa: recuerda.

domingo, 21 de abril de 2013

Wrapped around your finger.

Police no es una de mis bandas preferidas. Sin embargo, tienen canciones que me siguen fascinando, no importa los años que pasen. "Wrapped around your finger" es una de esas canciones. Solo hace poco he descubierto quiénes son Scylla and Charybdis. Dejaré que el lector de este blog lo descubra por sí mismo, si es que aún no lo sabe... Y más allá de la absoluta genialidad que se puede entrever en las letras, lo que importa aquí es lo que me inspira personalmente.

Un maestro y un aprendiz. Y cómo, después de años de sumisión, estudio, respeto y obediencia, el aprendiz acaba superando al maestro, hasta el punto de que con sus poderes puede convertirlo en estatua de alabastro. Hay dos pasiones humanas que resuenan dentro de mí: una es la rebeldía innata de la que difícilmente me puedo librar, que me acompaña siempre y que a veces me complica un poco la vida. En ocasiones he tenido que encadenarla y mantenerla inmóvil, reprimida, un prisionero enterrado vivo en espera del momento adecuado para salir a la luz en todo su esplendor. Juventud y rebeldía no siempre son un buena combinación, pero mantener un espíritu rebelde y utilizar este atributo como arma es algo infrecuente y que requiere cierte sabiduría y cierta templanza.



La otra pasión es la perversidad inherente a la condición humana y que tan bien refleja Sting (en mi humilde opinión) en la letra, de cómo la aparente búsqueda de conocimiento que a priori es algo bueno, puede ser en realidad un camino con un final oscuro, en función de para qué utilicemos ese conocimiento. La tentación siempre está ahí... y de algún modo la lucha silenciosa contra el maestro al que engañamos haciéndole creer en nuestra inocencia, se convierte en una lucha con nosotros mismos. La voz de la consciencia que nos trata de susurrar lo que debemos hacer... frente a nuestra naturaleza humana que muchas veces nos arrastra a cometer el peor de los crímenes.

Por supuesto, se admiten otras interpretaciones.



 
WRAPPED AROUND YOUR FINGER

You consider me the young apprentice
Caught between the Scylla and Charybdis
Hypnotized by you if I should linger
Staring at the ring around your finger

I have only come here seeking knowledge
Things they would not teach me of in college
I can see the destiny you sold
Turned into a shining band of gold

I'll be wrapped around your finger
I'll be wrapped around your finger

Mephistopheles is not your name
I know what you're up to just the same
I will listen hard to your 'tuition
You will see it come to its fruition

I'll be wrapped around your finger
I'll be wrapped around your finger

Devil and the deep blue sea behind me
Vanish in the air you'll never find me
I will turn your flesh to alabaster
When you will find your servant is your master

Ohhh, you'll be wrapped around my finger
You'll be wrapped around my finger
You'll be wrapped around my finger 


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